Cómo ser un buen amigo: estando ahí cuando te necesiten

© mamnaimie piotr

Hoy toca un capítulo especial de esta serie que he titulado: Cómo ser un buen amigo. Hemos visto, en semanas anteriores, que para ser un buen amigo hace falta ser alguien en quien confiar y en otro artículo  cómo ganarse la confianza. Hoy hablaremos de cómo estar ahí cuando te necesiten. Es algo básico para mantener la amistad. Como ya vimos, primero tenemos que conocer a las personas, poco a poco ir ganando confianza y el punto determinante, el que marcará si eres o no amigo de alguien es si estás ahí cuando tus amigos te necesitan.

Esto se demuestra de muchas maneras, no sólo es a base de resolver problemas, sino que se construye poco a poco en el día a día. Hoy veremos cuáles son los puntos claves para que las otras personas tengan la sensación de que estás ahí cuando te necesitan.

A menudo queremos hacer amigos y por buenas intenciones que tengamos y por buenas personas que seamos no conseguinos conectar con los demás. Probablemente tenemos algún problema de timidez, inseguridad o algo parecido que nos lleva a tener problemas de comunicación. Participa en nuestro curso: Cómo superar la timidez y ser sociable, para fortalecer tus habilidades y poder caer mejor de entrada a la gente. Una vez te has relajado en una relación es más fácil profundizar y poder construir una amistad.

Cómo hacer saber a tus amigos que pueden contar contigo

Escuchar

Tal vez lo más importante que tienes que hacer es aprender a escuchar. Si siempre hablas de ti, los demás tienen la sensación de que no te interesa lo que les pase. Aunque tengas la sensación de que lo que te ha pasado a ti es más importante, y a los demás no les ha pasado nada, escúchales. Pregunta, habla y espera a que te contesten y escucha todo lo que tengan que decirte. Hay muchas personas que preguntan, escuchan un poco y de repente dicen: «ah, sí a mi me pasó algo parecido» y cuentan lo que les pasó, cosa que desplaza la atención y hace que la persona que lo estaba contando se quede sin hacerlo.

Todos tenemos necesidad de hablar y de desahogarnos. Por eso es básico que prestes atención a lo que te cuentan y que sepas hacer un seguimiento posterior, para demostrar que te preocupa y que escuchabas. Si alguien te cuenta que está cansado por haber dormido poco, ya que tenía un examen, pues pregunta qué tal ha ido el examen. Si no lo ha tenido todavía, llama y pregunta unos días después. Es importante hacer el seguimiento de lo que te cuentan, preguntar cómo siguen, cómo lo han solucionado.

No esperes que te pidan ayuda

No sé si ya lo he dicho en este blog pero he llegado a la conclusión de que en lo que a ayudas se refiere podríamos dividir a las personas en dos grandes grupos: los que ayudan y los que son ayudados. Me diréis que hoy ayudas tú y mañana te ayudarán a ti, y así debería ser, pero la realidad es que quien está acostumbrado a pedir ayuda siempre la recibe mientras que el que está acostumbrado a ofrecerla espera que los demás hagan eso con él, y no suele pedir ayuda. Por no pedir ayuda muchos se quedan sin que nadie les ayude. Y así tenemos a los que siempre andan echando una mano, porque se ofrecen y que no son capaces de pedir que hagan lo mismo por ellos. Unos reciben y otros dan.

Mi consejo es que seas de los que se ofrece, así sabrán que pueden contar contigo. Hay gente que no es capaz de pedir ayuda por mucho que sean los primeros en ofrecerla así que no creas que por no pedir que les echen una mano, tus amigos pueden con todo.

© Scarleth Marie

De la misma forma, aprende a pedir ayuda cuando la necesites y no te sentirás frustrado si no han adivinado que la necesitabas. A veces contamos nuestros problemas pero no pedimos ayuda por lo que la persona que nos escucha sabe que tenemos un problema pero cree que no queremos que se meta o que lo tenemos controlado o solucionado. Si pedimos ayuda y no nos la dan, nos han fallado, pero si no la pedimos no siempre podemos pensar que nos fallan. Así que no te ofendas si no te ayudaron sin que lo pidieras. Aprende a dar y a pedir.

Hazlo de forma desinteresada

No puedes ayudar  alguien pensando que después te ayudará a ti. Si lo ces así lo puedes plantear así, como un intercambio: «¿Qué te parece si yo recojo a tu hija los miércoles y tú te llevas a la mía los lunes?» Eso es mucho mejor que ofrecerte a hacer de canguro esperando que la otra persona haga lo mismo. Si no lo hace, y no tiene ninguna obligación de hacerlo, puesto que tú se lo haces como un favor y los favores son desinteresados, no tienes derecho a enfadarte.

A menudo nos sentimos defraudados cuando vemos que los demás no hacen por nosotroso lo que nosotros hemos hecho, o haríamos, por ellos. Este punto es importante, a veces nos ofendemos porque alguien no hace lo que nosotros haríamos, pero en realidad no lo hemos hecho, lo haríamos si lo necesitara pero como no se ha dado el caso… Así que plantétate el punto anterior: ofrécete a hacerlo. No esperes a que te lo pidan. Y por supuesto si lo necesitas pídelo.

Si hacemos favores es para solucionar un problema a un amigo. Como decía podemos hacer favores o hacer intercambios pero tiene que quedar claro desde el principio, los favores son desinteresados. Aunque es normal que esperes que si tu haces algo por los demás lo hagan los demás por ti. Es lícito y normal, aunque lo recomendable es no esperar nada de nadie y así no nos sentimos traicionados.

Lo bueno de los amigos es que son personas en las que sabes que puedes confiar y que puedes esperar cosas de ellos sin sentirte traicionada ni interesada. Un buen amigo es algo que vale la pena y si no tienes ninguno por culpa de ser inseguro o demasiado tímido, te recomiendo seguir nuestro curso: Cómo superar la timidez y ser sociable

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