Merengueo y Romanticismo

El Romanticismo

Antes de nada dejadme deciros, sin temor a que me pongáis la camisa de fuerza, que me cansa y me incomoda todo lo empalagoso, todo lo merengue, esa cuestión, general y equivocadamente, siempre asociada a las chicas, de no dejarnos ni un resquicio para que la respiración viaje tranquila, y sin embargo, darnos las llaves para que nuestras dudas en torno a la relación se multipliquen por las cuatro cuadraturas del círculo de la vida.

¿Romanticismo y merengueo?

…De todo este rollo cartesiano del primer párrafo, quiero llegar a una conclusión, no sé si me lo permitiréis o me arrojaréis en la hoguera de las inquisiciones baratas. No me importa. El romanticismo no está ni mucho menos dentro de los cánones del merengueo con el que hoy muchas parejas pretenden hacer la verdadera película de sus relaciones. Y llamo merengueo, empalague, y dulcecito chino si hace falta y os aprieta el hambre, a todo aquello que tiene ver con el 24 horas en la vida de, o con esa pareja que, cuando salimos a tomar una cerveza, dos, tres o vete tú a saber cuántas llevamos ya, comparten hasta la espumita grácil y delicada que siempre nos quedará, como París, en la primera planta de la comisura de los labios.

Merengueo y romanticismo, un tira y afloja que tiene como ring de precioso combate cualquier sofá de cualquier discoteca en cualquier punto de la geografía amorosa. Merengueo y romanticismo. Oye, a ver si os despegáis un ratito, que no sabemos cuál de los dos es uno ni cuál el otroa ver si nos dejáis escuchar la música, que con tanto ruidito de besitos y besuquetesoye, que estáis arrugados de tanta salivilla y tanto mejunje…

El romanticismo de los enamorados

Dicen del romanticismo, los más ávidos buscadores de tesoros en el baúl de los locos, que es uno de los estados catatónicos del alma y de la carne en donde parece como si un tren de juguete nos recorriera diariamente las costillas. Es esa presencia añorada que se dibuja, como un cómic o un puzzle de témperas sobre una cartulina, en cualquier rincón que se nos precie. Es el estado natural de las cosas, que dicen los enamorados, el universo con nombre de mujer, o el canto de los pájaros hecho voz de hombre.

Pero el romanticismo, aunque con esto, ya digo, queráis convertirme en juanillo particular de vuestras futuras llamaradas, no tiene nada que ver con el merengueo. Para que el merengueo llegue a la categoría de romanticismo hace falta que uno de los dos, cualquiera, tú o ella, ella o tú, en la disposición que decida la intuición amorosa, deje que el aire fluya, y dediquéis al menos medio segundo, no más, con eso basta, al disparo de la mirada.

Una simple mirada, mirando simplemente. Es el primer kilómetro de la palabra romanticismo. Probad a cruzar cualquier lugar que vosotros consideréis romántico, mirando a vuestra pareja. Miradla, guardad la distancia que el merengueo no os permite. Contemplad y escuchad el pitido de ese tren de juguete que os viaja diariamente. Sed conscientes de que el amor no es una frontera que se traspasa como el que enseña un pasaporte, por no enseñar otra cosa. El amor es el ruido que hace la alegría cuando oye en el viento el nombre de vuestra pareja. El amor se tiene, se da, se gusta, se palpa, se toma frío o caliente, en vaso o en tacita. El amor nos hace correr y nos detiene, nos da calor y nos da sombra. El amor es el romántico que busca en la mirada del otro la razón más sencilla de las cosas.

¿Merengueo o mirada?

El merengueo no. El merengueo es ese froteo constante que a mí, vuelvo a decir, sin temor a levantar aquí una guerra civil amorosa, me cansa y me desacentúa la vida. El merengueo no te deja disfrutar de las conversaciones que, por muy poco culturales que sean, valdrían más que cualquier rechupeteo incómodo. Esa «dependencia de» en la que se convierte todo merengueo, todo empalague, lleva a tener que dar excusas del tipo: «no, es que yo sin ella o sin él… no, es que como ella o él no sale tampoco con sus amigos… es que al estar con ella o con él no puedo…».

El romanticismo no da excusas de ningún tipo. La mirada simplemente, el contacto visual es la salvaguarda perfecta de todas las conclusiones. Apreciad a los románticoss. Dicen los malos entendidos, los que se precian maestros, que del romanticismo no queda ya nada. Pero yo, pensando igual o de la misma manera, que al fin y al cabo no es lo mismo, creo que el romanticismo está en todos los lugares en donde, tras de la música azul de una mirada, suena el leve sonido de un tren de juguete.

Una respuesta a «Merengueo y Romanticismo»

  1. Excelente artículo!

    Debo confesar que yo antes era todo cursi, meloso y merenguero, xD. Pero al cabo del tiempo descubrí que, en efecto, el romanticismo verdadero es muy distinto del enamoramiento cursi y dependiente que vemos en algunas películas. Y claro, es mucho mejor el romanticismo puro.

    Felicidades por el artículo!

    Saludos!

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