Susan | 8 de febrero de 2011 | Autoayuda |

Prejuicios sociales

Prejuicios sociales

Photo Credit: JustCallMe_♥Bethy♥_

¿Piensas que una imagen vale más que mil palabras? La frase es un clásico, pero yo no me la creo mucho. Una imagen también puede engañar, distorsionar la realidad y ayudarnos a juzgar antes de tiempo, a pre juzgar. Por lo tanto, una imagen no lo dice todo, todo tiene su explicación, y mil puntos de vista, perspectivas de diferentes personas que lo convierten en tantas realidades como puedas imaginar.

Una imagen puede servir para que critiquemos antes de tiempo, pero si tenemos en cuenta la realidad en su conjunto empezaremos a aprender como funcionan los prejuicios sociales y como evitarlos.

Hace un tiempo, una compañera de trabajo, Rosa, me preguntó si conocía la historia de Luis, otro compañero. No tenía ni idea de nada, pero como hay confianza me lo terminó contando. Resulta ser que Luis había estado en la cárcel durante un año, pero en ese momento no me dijo el motivo, pues llegó su parada de autobús y Rosa se bajó.

Yo me quedé sola en el bus, pensando, con la única información de que Luis había pasado un año en la cárcel y hacía poco que había salido. Me quedé de piedra, pues no me lo imaginaba, y al día siguiente iba a verlo. No es que trabajara directamente con él, pero siempre nos saludamos cuando nos vemos. Luis es buena gente, una persona cercana, divertida.

Y sí, los prejuicios existen… Pues cuando lo vi lo saludé con normalidad, pero por dentro sentí un escalofrío, no la tranquilidad de siempre, esos dos o tres días que lo vi ya no me quedé con él bromeando, simplemente lo saludaba. En cuanto me volví a encontrar a Rosa y me contó el motivo de por qué Luis había acabado en aquel lugar, me sentí muy mal.

Resulta ser que Luis no había hecho nada, sino que estaba pagando el pato de otra persona de una manera muy injusta. Y por supuesto que no había hecho daño a nadie, en ningún sentido.

A partir de aquel momento, me levanté y me fui a hablar con Luis como otras veces, sin prejuicios sociales. Por supuesto que no le comenté nada, se suponía que yo no sabía nada y para mí, él era el mismo de siempre. ¿Cómo pude haberme preocupado hasta asustarme? Y es que es normal sorprenderse.

Hacía pocos meses que nos conocíamos y cuando recibí la noticia mi mente voló demasiado lejos, mucho más de la cuenta. Podría haber pensado en que era una bellísima persona, pero claro, al conocerlo poco cometí el error de desconfiar antes de tiempo y tener prejuicios sociales.

No tengas prejuicios sociales

Te pasas el día a día observando todo lo que te rodea y creándote ideas sobre lo que ves: quién va  detrás tuyo en la cola del supermercado, cómo va vestido, qué cara tiene; seguramente tu cerebro no reaccionará de la misma manera si esperas tu turno al lado de alguien trajeado, que usa un perfume caro; que si lo haces al lado de alguien que por su aspecto exageradamente descuidado te causa inseguridad.

Los prejuicios sociales hacen que nuestro cerebro crea que un hombre con corbata, buenos zapatos y portátil en mano es más de fiar que un indigente. Y que en cambio, alguien con no muy buen aspecto podría por ejemplo robarte. Y eso no funciona siempre así. Dudo mucho que alguien entre en un supermercado con su ordenador portátil y empiece a robar, ¿pero por qué no? Cosas más raras se han visto.

Con este ejemplo quiero darte a entender que nuestra fachada puede mostrar mil imágenes según el momento en el que nos encontremos, quién nos juzgue, el lugar, etc. Esto son prejuicios sociales.

Si ahora mismo sales de casa con tus peores trapos y te sientas en una esquina de tu calle a pedir, darás la imagen de ser un pobre y quienes no te conozcan y te vean te creerán; si te arreglas bien y te vas a una súper fiesta puedes pasar por un pijo si quieres, por un prepotente, por un ligón, por lo que quieras.

Si conoces a alguien y durante ese día no hablas mucho, aunque solo sea porque no te apetece, quizás te digan que eres muy callado y tímido. Pero si de lo contrario esa persona que no te conoce de nada te pilla en otro momento, la imagen que cogerá de ti será la de alguien muy abierto y sociable, aunque no te haya visto interactuar con nadie más.

Es curioso y gracioso: somos amables, bordes, simpáticos, cariñosos, distantes, tímidos, alegres, sociables, callados, impacientes, vagos, perseverantes, todo eso y más.

Pero no siempre; eso dependerá del momento y de la persona que nos pre juzgue sin antes conocernos de verdad. Los prejuicios sociales funcionan así, basta un rumor, un comentario sobre alguien o verle para juzgarlo de forma eclesiástica y decidir cuál es su verdadera personalidad en nuestra mente. Viste mal, entonces desconfía de él (por ejemplo)

Los prejuicios sociales superficiales no sirven

También es habitual que escuchemos de vez en cuando comentarios de gente que habla sobre otros, ya sea para bien o para mal. Si escuchas a menudo decir que tu compañero de clase Raúl, que apenas conoces, es un borde; tu cerebro no reaccionará igual que si te dicen que es un chico muy amable y dispuesto a ayudar.

Aunque no te creas lo que te dicen, en tu cabeza se quedará esa información, independientemente de si es o no verdadera.

Es muy importante informarnos siempre por nuestros propios medios para no llegar a tener prejuicios sociales injustos hacia otras personas. Pues si lo haces sin conocer bien la realidad, la única persona a la que estarás engañando es a ti.

Trata de conocer bien a tus amigos y a todas las personas que te rodean, eso te dará más confianza y te ayudará a como no tener prejuicios. Si tienes dudas, pregunta abiertamente, pero piensa siempre en positivo antes de tener prejuicios sociales.

Obviamente no es posible llegar a conocer a todo el mundo por igual, pero no por ello dejes a tu cerebro vía libre para que empiece a crearse sus propias historias, sólo tienes que pensar: “no conoces esa persona, no te dejes llevar por su imagen, ni por lo que te cuentan de ella. No te dejes llevar por los prejuicios sociales superficiales”.

Si quieres conocer a alguien, hazlo tú, directamente, es la mejor manera para aprender cómo no tener prejuicios.

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