Convivir con gente maniática: Todo un calvario para un compañero de piso

Gente maniatica

Foto extraida de Li Gao

Ayer me trasladé definitivamente de piso y todo por un par de compañeros de piso maniáticos en extremo. De los compañeros con los que convivía uno era una pareja de gays.

Cuando yo entré a vivir al piso solo estábamos: la dueña del piso, una chica (que se fue enseguida), el gay y yo. El gay era un chico muy retraído, maniático hasta la médula y con prejuicios. Poco a poco fue manipulando a la dueña del piso.

Un buen día, mientras yo estaba en mi habitación la dueña del piso llamó a mi puerta y me preguntó que si tenía pensado irme del piso porque el novio del gay, al ser un inmigrante ilegal, no tenía papeles ni trabajo y nadie quería alquilarle una habitación. Yo le dije que de momento no iba a irme, y me sentí muy estúpido porque meses antes mi compañero de sargeo y amigo Dante me había propuesto buscarnos un piso. Yo, tonto de mí le dije que no porque no quería dejar tirados a los de mi piso. En este aspecto he sido siempre bastante burro, mirando cara los demás, pero de los fallos se aprende y mucho.

Unas dos semanas más tarde el novio del gay se instaló a vivir junto con el gay. Los demás compañeros que por aquél momento éramos yo y otro chico que aún sigue allí pero que para muy poco por el piso… no dijimos nada.

El gay original, el maniático, cuando vine por primera vez al piso empezó a quejarse de que si me pintaban la habitación y de que si me ponían una silla etc… Y él va y meses más tarde mete un inmigrante ilegal en su cuarto cuando si yo hubiera metido a vivir conmigo a mi novia o un amigo se hubiera quejado hasta la médula.

La regla del: Yo sí, pero tú no

Ya desde el principio no hablaba mucho con los compañeros de piso, excepto con el que todavía sigue ahí y para poco por el piso. La verdad es que excepto este último ellos seguían la regla de: “Si, yo lo hago pero tú no”.

Esta regla es la más inmadura, estúpida e infantil que aplican las personas. Y se trata en gritarte a ti por haber hecho algo y luego, al día siguiente lo hacen ellos. Véase un conductor de coche que si alguien va lento le pita, baja la ventanilla e insulta. Días más tarde ese mismo conductor va lento, le pitan e insultan desde otro coche y tiene la cara dura de decir: “joder, que intolerante es la gente”. A esa actitud sí que se le llama ser estúpido de cojones. ¿Lo curioso? El 90% de los conductores actúa así.

En mi anterior piso hacían eso hasta que llegó un extremo tan bestia que si quería comer tenía que cocinar e inmediatamente después de cocinar, antes de comerme la comida tenía que limpiar: Los platos utilizados sobrantes, las cacerolas, ollas… (lo que hubiera utilizado para cocinar), los fogones y todo el mármol de alrededor.

Si no lo hacía así, venía el gay tikis-mikis y se quejaba. Es decir, yo hacía la comida, iba a comer y después tenía pensado limpiar tranquilamente la cocina una vez comido. Pues no, me venía el gay mientras comía y se me quejaba. Luego otro día él estaba comiendo y las cacerolas y todo eso estaba sucio por ahí.

La envidia juntada con la manía

El calvario empezó cuando empezaron a envidiarme. Yo no hablaba mucho con ellos pero se quedaban flipados porque venían bastantes amigos a verme, algunos se quedaban a dormir y con ellos hablaba y reía, era muy natural e improvisaba.

Lo malo llegó cuando el gay ilegal (vamos a llamarlo así) no tenía trabajo y estaba todo el día en casa aburrido. Se tiraba todas las tardes aburrido en el comedor mientras su novio trabajaba. Yo, o estaba fuera con mi novia, con amigos o me encontraba en mi habitación estudiando, leyendo, escribiendo o trabajando…

Su frustración estalló un fin de semana cuando vino a verme Arcángel. Primero porque él no tenía amigos que lo vinieran a ver de tan lejos y segundo porque se aburría. Se quejó una vez sobre una chorrada del cuarto de baño entrando en mi habitación sin permiso, y la gota gorda fue una tarde cuando me hice un bocadillo y Spaguettis y lo limpié todo.

Por la noche, a la 1 me levanto y me encuentro notitas insultándome y diciéndome que había dejado una migaja de pan en la pica. Eso fue el colmo

Plantar cara a los maniáticos y frustrados

Lo primero que hice fue que a las 10 de la mañana, con el mismo respeto que me había tratado él: ninguno. Fui al comedor mientras almorzaba y le pegué un buen sermón diciendo todo lo que opinaba de él. Luego vino su novio y él se escondió en la habitación, el muy cobarde. El novio, tranquilo e introvertido que no lo había conocido mucho adiviné rápidamente su psicología.

Era un monje que 1 día antes de hacer los votos se salió y luego se hizo gay. Era manipulador, extremadamente maniático que me dijo frases como: “pero es que si tu estás viendo la tele y ves un poco de polvo, o un pelo en el suelo no vas a limpiarlo en ese momento“. Me soltó frases de fracasado: “las cosas tienen que ocurrir por si solas”. Cuando yo le dije: “pues vamos a tomar algo y nos conocemos”. Las cosas no ocurren porque si, tu crees que ocurren porque si, pero yo puedo provocar una situación casual para salir con mi compañero de piso y no será casual, no habrá ocurrido porque “las cosas ocurren solas”.

Es lo mismo que si buscas el amor. Quédate sentado en tu cuarto o espera que alguna mujer se enamore locamente de ti solo por andar y respirar, sin conocerte de nada. Si dejas que las cosas ocurran serás un mero insecto observador.

Lo que me dejó claro es que era un paranoico, maniático, manipulador y con poca inteligencia que se dedicaba a recitar frases célebres de otros de forma descalibrada.

Me decía cosas como: “el que es algo, no necesita decirlo que lo es”.

Empecemos por una cosa: Todas las frases célebres están dedicadas a determinados contextos, tu no puedes coger la frase: “más vale pájaro en mano que ciento volando” y aplicarla a todo.

Por ejemplo, viene un propietario de una inmobiliaria y te da un billón por tu piso, porque quiere deshacerse de su dinero, entonces la frase “más vale pájaro en mano que ciento volando” es completamente idiota, y mi ex-compañero de piso se dedicaba a recitar estas frases fuera cual fuere el contexto.

El egoísmo en potencia

Cuando le dije que con sus discursitos manipuladores no me manipularía a mí, me soltó frases como: “es que tu crees que te queremos echar del piso y no es así, te lo imaginas”.

El mismo día llamaron a la dueña del piso que lamentablemente se encontraba en casa de una amiga, empotrada en la cama porque estaba haciendo la quimioterapia. La llamaron con lo débil que estaba y la presionaron para que me hiciera abandonar el piso.

Así es qué me llamó medio apenada y que sintiéndolo mucho me tenía que ir. La medio convencí pero volvieron a presionarla hasta que definitivamente tuve que irme del piso.

Es decir, una mujer con quimioterapia, cáncer y los gays agobiándola y presionándola.

Hacer frente a la gente maniática

La gente maniática es muy difícil de convivir, pero se les debe plantar cara y dejar las cosas claras porque si no te irán comiendo terreno hasta que llegará un día, que hagas lo que hagas se terminarán quejando, cualquier cosa, por absurda que sea, hasta sus olvidos o demás te lo atribuirán a ti y tu vida se convertirá en un infierno

12 opiniones en “Convivir con gente maniática: Todo un calvario para un compañero de piso”

  1. Antes de entrar en un piso hay que llegar a unos acuerdos de convivencia como el tema de fumar, mascotas,etc.

    1.El tema de comer lo que hace falta es echar al lavavajillas los platos en la sobremesa y se puede lavar a las 4.30.

  2. Como te entiendo, mi compañera de piso es igual. Estoy hasta los cojones ya. Estoy en proceso de mudanza, a ese tipo de gnete kmo mucho se les aguanta un par de meses :S

  3. Hola:

    Hace cosa de dos años, siendo la veterana de la casa, y habiendo establecido las normas de limpieza, etc, tuve que compartir piso con dos chicas extremadamente maniáticas e intolerantes, a las que les molestaba hasta que pusiera flores en los jarrones de la casa, y que no aguantaban ni siquiera que cambiara un objeto unos centímetros de lugar. Soy una persona, limpia, y más o menos ordenada, pero ellas me estaban constantemente reprochando, te has dejado una mancha aqui o has abierto la ventana… Les molestaba que viniera a verme mi hermano, que viera la tele, que saliera a cenar por ahí, vamos que les molestaba todo lo que hacía. Pero ellas podían dejar la cocina sin limpiar, o la casa llena de migas o apestando a sardinas o a coliflor y no pasaba nada. Vamos, que al final se fueron del piso y vinieron a vivir conmigo otras compañeras mucho más majas, pero aquellos 6 meses fueron un suplicio. Así que te entiendo.

  4. pues vaya… SE SUPONE que la gente adulta hablando puede llegar a algun acuerdo. Porque aunque haya caracteres diferentes SE SUPONE k estableciendo unas normas la convivencia puede ir bien. Pero … se supone… k asco pordios!

  5. Un artículo bastante interesante, y el cual me ha alegrado leer porque se asemeja bastante a lo que pienso y lo que me ha pasado.

    Este año por primera vez he empezado a vivir en un piso compartido, y cada vez estoy más quemado de ello, una de las cosas que tengo más seguras en mi vida es que cuando gane más dinero viviré sólo o con alguien de muchaaa confianza. En mi caso, soy alguien creo que bastante respetuoso, casi nunca pongo música o tv alta (las veces que las he puesto más altas ha sido para no oir la música\tv que ponían compañeros a toda ostia), no me quejo de casi nada, nunca me he dejado platos varios días sin limpiar, no he traído a gente al piso, ni dejado todo lleno de pelos de afeitarme… y varias cosas más, y aún así me echan cosas en cara, cualquier tipo de fallo pequeño, e incluso he sido regañado o acusado por cosas que NO he hecho. Uno tiene la sensación de que si fuera la perfección hecha persona aún así seguirían echándome cosas en cara, pero bueno, ya sabemos como de lamentable es alguna gente; que luego no se quejen si otro con poca paciencia les parte la cara, porque recogerán lo que ha sembrado, no es que sea un defensor de la violencia pero hay casos en los que “entiendo” ciertas reacciones. El cantarle las 40 a otros puede servir, pero también puede poner las cosas incluso peores porque mucha gente es muy soberbia y apenas admite críticas, así que la mejor solución en esos casos es cambiarse de piso, hay muchísimos con habitaciones libres, y aunque no es fácil encontrar buenos compañeros, es de esperar que antes o después se encuentre gente con la que se pueda convivir, que haberla la hay.
    También es recomendable cuando se entra en un piso, hablar con los caseros sobre si se puede salir cuando uno quiera, porque también puede ocurrir que quieras irte en un determinado momento por encontrarte incómodo (o por otra razón) y no te deje el casero sin quedarse antes con tu fianza o sin que hayas encontrado un sustituto, así que en mi caso siempre suelo hablar éso, y si dicen que está uno obligado a estar 1 año o así, pues paso de coger el piso.
    Por último, decir que si los apartamentos fueran menos caros se evitarían más convivencias de ese tipo.

    PS. Ya sé que el artículo tiene ya más de 3 años, pero aún así me apetecía comentarlo xD, e imagino que habrá gente aparte de Domenec que lo lea :P.

    1. Te entiendo perfectamente Relgnirk, yo hace 1-2 años que vivo con mi pareja. Antes solía ser bastante infierno hasta que empecé a compartir piso con amigos, entonces la cosa se relaja mucho más porque te tienen más aprecio.

      Es muy difícil la convivencia sobretodo porque la gente suele ser muy intolerante y además no suelen ser muy atentos pero si lo exigen a los demás.

  6. Hola. Quería compartir mi experiencia contigo porque al contrario, está vsita desde una maniatica. Yo soy en exceso ordenada y cualquier cosa sucia me crispa los nervios, pero no soy ni por asomo como esos chicos de los que hablas, y es porque aunque tengamos una característica común yo no soy mala persona. En mi piso vivimoa yo y mi novio, un amigo y un conocido. Mi novio está poco en casa, pero los otros dos… son vagos y sucios en exceso. Intento hablar con ellos, llegar a un punto medio en el que yo no esté siempre incomoda ni sea una carga excesiva para ellos, no limpian nunca a menos que yo tire de ellos, y cuando lo hacen por desgracia lo hacen mal (los cubiertos, el bañó…) además me dicen que lo harán y llega el momento y no lo hacen, de forma que me mienten en mi cara, no sé que hacer porque o sigo callandome y termino odiandolos o discuto con ellos y esto se puede volver horrible. u.u HGacerlo yo sola me parece en exceso injusto, y dejarlo todo sucio me da muchisima vergüenza.

  7. Yo el año pasado convivía con una chica que era una maniática de la limpieza a más no poder. En mi caso las cosas no fueron tan lejos, pero todos los sermones que me soltaba o los “toques” de atención me los pasa por el arco del triunfo. Mi otra compañera de piso tuvo claro desde la segunda semana que el próximo año se iría de allí y buscaría otro piso, así que con eso ya te lo digo todo.
    Los compañeros con los que estoy ahora son majísimos y casi no me entero de que seamos cuatro viviendo en el mismo piso.

    PD: Lo más curioso de todo es que la propia “maniática” me reconoció en más de una ocasión que era bastante insoportable con el tema de la limpieza, y su madre y sus amigos cuando venían también me lo decían.
    En fin, ¡paciencia!

  8. Jaja, me siento identificada con este post.

    Hay gente muy desequilibrada por el mundo, que cuando compartes espacio con ellos o eres un dalai lama o necesariamente te acaban por hacer la vida imposible o acabar tú mismo hasta los cojones de esa gente.

    Yo estoy viviendo con una tipeja que tiene todos los defectos del mundo y se cree perfecta y con derecho a decirle al resto lo que tiene que hacer.

    Es una de esas personas acomplejadas que tratan de estar a la altura de los no-acomplejados por vias rastreras, ya me entendeis.

    Mi consejo es que a la minima que veais comportamientos extraños por parte de individuos con los que compartais piso, salgais por patas y busqueis otro sitio, porque si escogeis poner buena cara y ser paciente, lo lamentareis, no hay recompensa posible para ese sacrificio hecho por un desconocido.

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