Yo decido mi vida

Yo decido mi vida
Photo Credit: Claudio.Ar

Haces siempre lo que quieres. Vives el momento. No aceptas que nadie se meta en tus asuntos ni que hagan comentarios sobre lo que tienes que hacer. Y piensas: yo elijo siempre lo que quiero, me trazo metas, objetivos, mis ideas son exclusivamente mías: yo decido mi vida sin dejarme influenciar por nada ni por nadie.

Acéptalo, no lo soportas. Cada vez que alguien te da una orden una vocecita interior te dice: no voy a hacerte caso, olvídalo; sólo yo decido mi vida.

Quizás te conviertas en un rebelde y saltes a la mínima. Otras veces aceptarás hacerlo porque no te queda más remedio, mientras piensas: «Esta es la última vez que lo hago». No importa de qué se trate: respetar un semáforo, quedarte una hora más en el trabajo, elegir qué producto comprar, qué comer, con quién quedar, incluso qué hacer en tu tiempo libre.

Yo decido mi vida, ¿Estás seguro?

Si ahora mismo te diera dos opciones: pasar el sábado en casa o salir de fiesta. ¿Te estaría dando libertad de elección? Y si vamos a tomar algo y te digo “Te invito a un zumo de naranja o a uno de piña” ¿qué ocurre, no es posible beber otra cosa? Igual te apetece un café, pero en ese momento yo no estaré contemplando esa opción a la hora de invitarte a elegir.

Si tu amigo quiere que lo acompañes a ver una película poco interesante probablemente te niegues. En cambio, si te da dos películas a elegir, la cosa empezará a cambiar aunque en realidad a ti no te interese ninguna. En ese momento, tu inconsciente pensará: «mi amigo me da a elegir, soy yo el que decide», aunque en el fondo esa clase de películas no te gusten y realmente no estés eligiendo porque elegir entre dos posibilidades no es elegir realmente.

Esto es lo que hay: o te pasas el sábado en la discoteca o te aburres en tu casa. Es lo mismo que decir, o te pasas la vida trabajando quince horas diarias en una fábrica o pierdes el tiempo estudiando algo inútil. De la misma manera que si te dijera: «O te presentas al trabajo en bañador o vestido de mujer». Y ahora elige, te doy toda la libertad del mundo para escoger.

Y en realidad es así. Cuando alguien piensa: «yo decido mi vida» no es realmente así. Simplemente recibimos toneladas de opciones, unas cuantas con más intensidad que otras, y estas serán las que probablemente acabe escogiendo la mayoría de las veces. Un ejemplo muy claro es la moda. ¿Sabías que se lleva el rojo este año? Pues ya sabes lo que toca. ¿Y por qué no estudias esa carrera que dicen que tiene tantas salidas? Lo mismo, aunque para cuando la termines esa carrera estará tanto o más desfasada que la ropa roja de tu armario.

Enciende un momento el televisor y él te ayudará a decidir lo que tienes que hacer: te da miles de opciones de todo lo que puedes comprar, te distraerá de lo importante y te hará sentir en la más absoluta miseria si le apetece; y lo más interesante, conseguirá que te desprendas de todo lo que ganaste durante horas y horas de esfuerzo: dame tu dinero y yo te haré feliz; ¿cómo puede haber tanta gente que caiga en la trampa? Y es que esa caja hace milagros.

Empieza a decir yo decido mi vida, de verdad

Si realmente quieres poder decir: Yo decido mi vida, empieza a hacerlo ya, pero de verdad. De nada me vale que te pongan delante de veinte perfumes y te digan que escojas uno si tú no quieres un perfume. Tampoco puedes escoger entre mar y montaña cuando tú quieres estar en casa.

¿De verdad te crees que lo que aparece en la pantalla es lo único que hay en el catálogo? Y con eso no me refiero únicamente a productos, sino a lo que haces con tu tiempo y a tus relaciones con los demás. ¿Te pasas todos los fines de semana en la discoteca porque realmente disfrutas o lo haces solamente porque piensas que no existen otras opciones?

Yo decido mi vida solo podrás decirlo cuando dispongas de la información suficiente y no cuando te vendan la moto; cuando realmente seas capaz de contemplar las opciones que hay y elegir entre las que más te gusten. Tener la libertad de escoger no es poner a alguien entre la espada y la pared y obligarle a hacer algo. Poder elegir implica también responsabilidad y es tu obligación estar bien informado para que nadie te engañe con tanta facilidad.

Recuerda que es más inteligente el que te da falsamente a elegir, pues de esta manera te hará creer que tú llevas el control, cuando en realidad no te interesaba ninguna de las opciones que te daba a escoger. Si a partir de ahora dices: yo decido mi vida, hazlo con responsabilidad y no como un acto rebelde; y sobre todo no digas tanto “yo decido mi vida”, simplemente decídela de verdad.

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2 respuestas a «Yo decido mi vida»

  1. La vida.. es como salir a correr…sientes desfallecer cada paso que das….sientes que el oxigeno te falla, sientes que te miran raro, a tu alrededor.. pero de ti depende decirte a ty mismo… y atu corazon….yo marco el paso de mi existencia!!!y yo!!!hoy mas que nunca!!tengo el control de mi vida…

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