Las consecuencias del enojo tóxico

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A estas alturas ya tenemos más claro qué es el enojo tóxico, en qué consiste y cómo reconocer a las personas que lo padecen, incluso si hablamos de nosotros mismos. Si quieres saber más sobre el enojo en este mismo blog hemos escrito ya varios artículos sobre el tema que encontrarás relacionados más abajo. Hoy nos vamos a centrar en las consecuencias del enojo tóxico.

Cuando veas lo que puede estar causando en ti esta emoción mal gestionada querrás solucionar tus problemas lo antes posible. Estás en el camino de cambiar. El primer paso es querer hacerlo y reconocer que tenemos un problema, saberle dar nombre y por fin buscar la solución. Para ello te recomiendo nuestro libro Cómo convertirse en un maestro de las emociones con el que aprenderás todo lo necesario para reconocer y canalizar apropiadamente todas y cada una de las emociones a las que te puedes enfrentar.

Para entender las consecuencias que tienen nuestras emociones en nosotros primero debemos entender cómo funcionan. Es bastante simple de explicar pero no siempre es fácil de gestionar. Cuando sentimos algún tipo de emoción es el resultado de algo que está pasando en nuestra vida o en nuestra mente. Podemos tener miedo de algo que no ha ocurrido, así que las emociones no siempre responden a situaciones reales.

Podríamos decir que la emoción es el estado de ánimo que nos embarga en el momento de sufrir o vivir determinada situación. Si nos dan un premio sentiremos alegría. Si nos roban el coche sentiremos enojo, preocupación por cómo vamos a comprar otro y pagar el que nos han robado…

Las emociones sirven para informarnos de lo que sentimos. O lo que es lo mismo, lo que sentimos toma forma de emoción, que podemos observar, podemos nombrar, incluso podemos ubicarla físicamente en algún lugar del cuerpo. Lo bueno es observar las emociones y dejarlas pasar. Del mismo modo que tras ganar un premio, pasado un rato ya no sientes esa emoción tan fuerte tienes que ser capaz de rebajar la intensidad de emociones que te suponen un problema, que consideras negativas, aunque no lo sean.

Si dejas que las emociones hagan su camino y las utilizas para actuar apropiadamente, tal como han venido se marcharán.

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Con el enojo es muy fácil de ver que hay muchas personas que no lo aceptan ya que no se enfadan. ¿Has pensado alguna vez las consecuencias que tiene para tu cuerpo no reconocer nunca en voz alta un enfado?

Otra, en cambio lo magnifican y lo mantienen en niveles altísimos buscando constantemente motivos por los que enojarse. Este es el problema más evidente del enojo tóxico, aunque no hacer nada también es tóxico.

Este segundo tipo de personas necesitan alimentar su enojo. Queramos o no la mente no puede mantenerse en una misma emoción por mucho tiempo ya que tiene que gestionar muchas otras acciones que ocurren en nuestra vida. La persona aquejada de enojo tóxico lo que hace es buscar cualquier excusa para mantenerse enojado. Y la justificación es precisamente esa, que como ya estaba enfadado todo le molesta más.

Bien, tanto en uno como en otro caso las emociones ocupan nuestro cuerpo, no solo en el enojo, lo ocupan siempre. Las emociones son las encargadas de generar determinadas hormonas. Hay hormonas que se emiten cuando estamos estresados y que son contrarias a las hormonas que generamos cuando nos sentimos felices.

El cuerpo tiene su propio laboratorio químico, no demasiado fácil de explicar o de comprender para personas que no hemos estudiado bioquímica, ni medicina ni nada parecido. Así que vamos a tratar de contártelo del modo más simple, evitando términos médicos.

El cuerpo, como decía, funciona como un laboratorio. La situación ideal es el equilibrio y es lo que hace el cuerpo siempre. En todas las ocasiones trata de compensar los desequilibrios con los que se encuentra. Si andamos bajos de azúcar tendrá que fabricar más insulina para compensarlo. Otro modo es conseguirla comiendo. Creo que esto lo habrás visto en alguna ocasión. A veces tenemos disfunciones o problemas que nos llevan a no poder fabricar la insulina por nosotros mismos y para mantener el equilibrio tenemos que obtenerla de forma sintética.

El cortisol es una de las hormonas que intervienen durante el estrés y que hace que nuestro sistema esté mucho más alerta para poder reaccionar en momentos de peligro. Estamos diseñados, como cualquier animal, para poder salvar nuestra vida en caso de peligro. El problema es que la activamos sin necesidad.

Con el enojo pasa algo parecido, no solo intervienen hormonas y neurotransmisores (que el cuerpo tratará de compensar lanzando otros que los contrarresten) sino que sufirmos consecuencias físicas propias del mismo enojo.

Analiza qué le pasa a tu cuerpo cuando te enojas. Se tensan todos los músculos, el corazón late más deprisa, la respiración en consecuencia se acelera: necesita mandar oxígeno mucho más rápido ya que el corazón bombea más deprisa y la sangre termina antes el circuito.

Además hay un mayor volumen de presión arterial. Todo ello si lo sentimos en un momento puntual nos ayuda a saber qué sentimos y a hacer algo para eliminar ese malestar. El problema del enojo tóxico es cuando esa situación física la arrastras todo el día, constantemente o varias veces al día. Y esto no ocurre de forma aislada sino que pasa cada día, semana a semana, mes a mes. Año a año.

Imagínate el sobreesfuerzo que está llevando a cabo tu corazón, tus arterias… seguro que sufres de problemas musculares: cervicales, espalda… debes tener más de una contractura. Por no hablar del dolor de cabeza que tienes tras recibir el bombeo de la sangre a tanta presión durante tanto rato.

Dentro del cuerpo también ocurren cosas que no vemos cuando estamos enojados como es la rotura de vasos capilares, o la inflamación de determinados órganos del cuerpo.  Cuando no respondemos a nuestras emociones o no las dejamos marchar, tanto si las tomamos de forma excesiva como si fingimos que no pasa nada, estas emociones dejan huella en nuestros órganos. Y el cuerpo no está preparado para sufrir este ataque constante. Tarde o temprano enfermaremos.

Y no hablo solo de enfermedades graves de las que es muy difícil defender que son debidas a las emociones tóxicas sino de cualquier tipo de enfermedad. El cortisol, por ejemplo que se encarga de acelerar nuestro organismo en momentos de estrés o de enojo, gasta tantos recursos del cuerpo que lo deja sin defensas. Es habitual estar siempre constipado, o algo enfermo en este tipo de personas.

Si te está pasando ponle remedio desde hoy mismo. Compra nuestro libro Cómo convertirse en un maestro de las emociones con el que aprenderás a detectar y a manejar correctamente todas las emociones con las que puedes enfrentarse. Vivirás más sano y serás más feliz.

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