Cómo actuar cuando nos enfadamos

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Hemos escrito ya una buena serie de artículos sobre las emociones tóxicas, centrándonos en la ansiedad tóxica, el apego tóxico y por último el enojo tóxico. Tengas o no problemas con el enojo es bueno saber cómo actuar cuando nos enfadamos. Vimos en un artículo anterior las distintas reacciones que te puedes encontrar en caso de enojo. Hoy plantearemos cuál es la mejor manera de actuar cuando sentimos que algo nos enoja.

El enojo es una emoción, como lo es la alegría, la tristeza o cualquier otra y que se puede sentir en distintos grados. Podemos estar solo un poco tristes igual que podemos estar un poco enojados. Hay personas que todo lo llevan al extremo y que siempre están muy tristes, otras en cambio se sienten muy enojadas. Los extremos suelen ser perjudiciales, no se puede sentir siempre todo con ese nivel de intensidad o acaba pasando factura.

Lo mejor para las emociones es conocerlas, saber reconocerlas y aceptarlas. Si están ahí es por algo. Tomar en cuenta lo que nos indican no es sinónimo de vivir centrándonos únicamente en las consecuencias de esa emoción. Para dominarlas como un profesional te recomiendo nuestro libro: Cómo convertirte en un maestro de las emociones, con el que aprenderás a identificarlas, clasificarlas, a reaccionar ante ellas… y no solo eso sino que aprenderás a controlar o a provocar emociones en los demás.

Vimos que cuando uno se enoja puede reaccionar de varias formas diferentes:

– De forma pasiva: el que no hace nada.

– De modo pasivo-agresivo: el que reprime el grito pero descarga la rabia de modo punzante, es decir: irónico y afilado contra los demás. Son los típicos de quien dices aquello de que si se muerde la lengua se envenena.

– De modo explosivo: gritando, golpeando y alargando el enojo mucho más de lo necesario, incluso buscando motivos para continuar enojado.

– De modo acertado: el que no grita ni se reprime sino que da la importancia justa al motivo que le ha enojado y sabe expresarlo de forma no ofensiva ni problemática para si mismo ni para los demás.

Así pues vamos a ver cómo actuar cuando nos enfadamos una vez ya conocemos los cuatro tipos de reacciones que puedes tener ante una situación que te enoja.

Lo primero que tenemos que hacer es ser capaces de separar los motivos que nos enojan. Es decir: enfadarnos de uno en uno, no acumular muchos motivos y explotar.

Tenemos que aprender a relativizar y a darle la importancia que merece cada cosa. Las personas que acumulan no hacen nada, y van guardando los motivos, hasta que algo, habitualmente tan nimio que los demás no lo entienden les hace explotar.

No tiene ningún sentido que hagas eso, no te entenderán y además no obtendrás la empatía de los demás. Enfadarse por cosas sin importancia aludiendo que ya venías cargado de antes no está bien visto. Y no es agradable para nadie ya que se «comen» todo lo que no se han comido los de antes y encima por una tontería.

Así que relativizar y darle la importancia a cada cosa será un paso básico para ello. Para aprender a relativizar puedes preguntarte los motivos que te llevan a enojarte y cuestionarte si realmente son tan importantes como para provocar tu enojo.

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Tenemos que ser capaces de diferenciar entre lo que vale y la pena y lo que no vale la pena. El enojo nos deja con mal cuerpo, tenemos que decir o hacer cosas que no siempre nos gustan y hay motivos por los que realmente no vale la pena ponerse así. Y menos cuando la persona o la situación que lo han provocado ya no están.

Imagina que vas a cruzar de calle, estás frente al paso de zebra y todos los coches que pasan lo hacen a gran velocidad, nadie se para. De qué te sirve enojarte y pasar el resto del día de mal humor sólo por haber tardado un poco más en cruzar de acera. Está claro que tienes razón, eso no se hace y hay unas normas. Pero en todas las cosas que ocurren a lo largo del día, tienes que decidir qué peso o importancia tienen. ¿Te acordarás de esto la semana que viene?, ¿El año que viene? Lo más probable es que no, así que no es un motivo suficiente como para enojarte.

Aprende a separar lo que te molesta, lo que no te parece correcto de lo que te enoja. Todo lo que no te parece correcto no tiene que enojarte, tienes que ser capaz de verlo y dejarlo pasar. Sin más. Tú no puedes contra todo y tu enojo no va a hacer que todos los coches respeten las normas de circulación. Si realmente esa es la causa de tu vida, pues hazte policía y dedícate a tráfico. Así podrás hacer algo para evitar que estas cosas pasen. Pero la respuesta que tenemos debe ser proactiva  y basada en una actitud constructiva.

Tienes que ser capaz de hablar de lo que te molesta, ser capaz de decir las cosas bien dichas y sin gritar. Que quede claro lo que te ha pasado, qué te ha molestado, pero que no sea tu conversación lo que moleste a los demás. Es decir: habla sin ofender y sin gritar. Si lo haces es mucho más probable que te escuchen y entren en razón.

Cuando te enfadas con otros piensa que no siempre todos vemos las cosas de la misma manera, así que trata de justificar o buscar motivos por lo que los otros nos causan enojo de forma involuntaria. No siempre será así, pero tenerlo en cuenta es importante para relativizar y ver que no siempre tenemos razón en vivir enfadados.

Busca el momento para hablar, tal vez cuando sientes la punta máxima de enojo no es el momento correcto. Ya llegará el momento en que podrás hacerlo. Pero cuando te calmes sí que puedes hablar con la otra persona y comentar cómo te ha hecho sentir. Huye de la gente que presenta síntomas de enojo tóxico, por lo menos mientras tú no seas capaz de controlar el tuyo propio. Rodearte de gente tranquila y que sabe gestionar bien las emociones te ayudará.

Si quieres conocer más sobre las emociones sigue nuestro blog, además te recomendamos nuestro libro: Cómo convertirte en un maestro de las emociones, con el que te convertirás en un experto, tanto en controlar tus propias emociones como en conocer y saber cómo provocarlas en los demás.

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