Verdadera Seduccion | 14 de noviembre de 2013 | Emociones |

Soy un hipocondríaco

© mirjoran

La hipocondría es algo que la mayoría de la gente conoce pero que no se plantean que puede solucionarse controlando las emociones. Cuando oímos a alguien decir “soy un hipocondríaco” en realidad nos está hablando de sus miedos, del miedo a morir.

Aprender a controlar el miedo forma parte del control de las emociones. Las emociones son necesarias pero si no sabemos tratarlas fácilmente se vuelven tóxicas. Para tratar adecuadamente con las emociones hace falta conocerlas bien. Cuando reconoces las emociones es más fácil identificar cuál es la que sientes en cada momento y qué debes hacer con ella.

Las emociones no están para que las ignoremos. El miedo tampoco. Pero tampoco están para que vivamos en ellas y de ellas, sin dejar paso a nuevas emociones. Por ello, te recomiendo nuestro libro Cómo ser un maestro de las emociones, con el que aprenderás a gestionarlas adecuadamente. Para una correcta gestión de tus propias emociones es básico que sepas reconocerlas.

Sobre el miedo hay muchas cosas que decir, pero hoy nos centraremos en el miedo a la muerte que es el que se esconde bajo la apariencia de la preocupación por la salud. Las personas que, como tú, dicen “soy un hipocondríaco” se pasan el día temiendo caer enfermos de algo incurable, o de lo que sea.

Cuando escuchan los síntomas de una enfermedad no tardan en descubrir que ellos mismos los presentan. A menudo al notar un pequeño dolor, incluso puede que una molestia, un granito que no habían visto antes, cualquier cosa, se sientan frente al ordenador y se ponen a buscar síntomas de enfermedades que podrían encajar con esos síntomas.

A medida que van leyendo los síntomas se dan cuenta de que ellos los presentan casi todos. Es curioso como realmente la mente puede jugarnos malas pasadas en ese sentido. Cumplen casi todos los requisitos para la enfermedad que en ese momento les preocupa.

Ya no pueden vivir sin esta angustiados hasta que van al médico y les dice que no tienen nada. Aunque hay muchos hipocondríacos que ni siquiera van al médico, convencidos están de lo que tienen es malo y prefieren no saberlo. O eso dicen ya que son los primeros en buscar en su cuerpo síntomas de enfermedades de lo más diverso.

Cuando el hipocondríaco va al médico y sale con un diagnóstico favorable, no tiene nada, lo más frecuente es que tengan dos posibles reacciones:

Por un lado puede que crea lo que le ha dicho el médico, por eso va a que le diagnostiquen. Entonces se siente fatal consigo mismo, se culpa de ser tan hipocondríaco y llega el miedo al miedo. Mucha gente cree (no vamos a entrar ahora en si lo hacen acertadamente o desacertadamente) que cuando piensas mucho en una cosa al final se materializa. Muchos hipocondríacos creen que si se obsesionan con determinada enfermedad tarde o temprano llegará.

De modo que salen del médico convencidos de que en este momento no tienen nada pero que no tardarán en desarrollarlo, precisamente por su propia culpa, que se han obsesionado con ello y se lo acabarán provocando.

Por otro lado tenemos a los incrédulos, los que salen del médico convencidos de que se ha equivocado o bien de que había algo grave pero no se lo ha dicho por su sensibilidad extrema. Encima salen enfadados ya que el médico no es un buen profesional.

Los hipocondríacos lo pasan muy mal, cuando por fin consiguen librarse del temor a padecer en ese momento esa enfermedad concreta se sienten aliviados pero tardan poco en sentir de nuevo la presión de la mala salud en forma de síntomas totalmente diferentes. Entonces la historia se repite. Vuelven a consultar información sobre sintomatología, enfermedades… vuelven a sentir los síntomas en sus propias carnes, sienten de nuevo el miedo…

Poco a poco se convierten en verdaderos expertos en síntomas y hacen sus propios diagnósticos. Siempre necesitan reafirmarlo consultando páginas de Internet pero solo para comprobar que los síntomas que sienten son los que pertenecen a la enfermedad que deben tener. El cuerpo es capaz de reproducir los síntomas que ellos ya conocen a la perfección, cuando los cotejan en el ordenador ya saben lo que van a encontrar, lo han consultado cientos de veces.

© epSos.de

Si leyendo esto te das cuenta y piensas, vaya, soy un hipocondríaco, no dejes de leer. No te asustes. Lo que te pasa se puede aprender a controlar perfectamente. A nuestros miedos hay que saber escucharles.

El miedo es aquello a lo que nos enfrentamos sin recursos para vencerlo. Es decir, si te da miedo caerte de un precipicio es porque sabes que no aguantarías el golpe producido por la caída, vamos que te matarías.

La gente que tiene miedo a conducir, por ejemplo, puede ser debido a que se sienten inseguros al volante, creen que no saben suficiente o a que hayan vivido un accidente o algún tipo de pérdida por culpa de un coche.

Cuando sentimos que podemos vencer a determinada situación, o por lo menos que tenemos posibilidades de hacerlo es cuando no sentimos miedo. A pesar de ello el miedo nos acompaña a menudo aún y cuando nos enfrentamos a situaciones que podríamos superar perfectamente pero que a causa de nuestra falta de confianza no nos vemos capacitados para superar. Como por ejemplo un examen para el que te has preparado pero que tienes miedo de suspender. Hay personas que siempre se enfrentan así a los exámenes mientras otras, van seguras si han estudiado suficiente.

Lo mejor para dejar de ser un hipocondríaco es conocerse a sí mismo, asumir nuestras limitaciones, nuestros miedos. Escuchar a nuestro cuerpo, sí, pero no para oír cómo se queja sino para ser capaces de entender lo que nos está diciendo. Si tenemos miedo a morir es porque lo que tenemos en vida nos importa demasiado. Así pues una buena forma de combatir ese miedo es trabajando en vida para vivir a tope, para hacer felices a aquellos a quienes tememos dejar solos si nos pasa algo.

Si sentimos un miedo es que responde a algo, lo más sensato es enfrentarnos a nuestro miedo, aceptar que hay cosas que son así y por las que vamos a pasar todos y aprender a disfrutar del tiempo que tenemos con nuestros seres queridos sin buscar excusas para creer que algo nos está castigando. Compra nuestro libro Cómo ser un maestro de las emociones, con el que aprenderás a gestionar las emociones y a reconocerlas para poder procesarlas de la mejor manera posible y que no se conviertan en tóxicas.

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Hay 1 comentario
  • A.M.V. dice:

    Este artículo refleja a la perfección lo que vengo experimentando desde Marzo de este año, cuando sentí por primera vez el miedo a padecer una enfermedad grave.

    He ido en estos meses al médico más veces que en diez años y a pesar de recibir diagnósticos favorables el daño ya está hecho, el miedo está demasiado arraigado y experimentar cualquier molestia por leve que sea, dispara todas mis alarmas y vuelve a hundirme en el foso.

    Espero poder llegar algún día a superarlo, estoy harto de vivir con miedo.



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