Tenemos al amigo que siempre hace las cosas bien, nunca se equivoca o al menos eso pretende él. Tenemos al padre incapaz de pedir perdón, jamás de los jamases, ya que por supuesto un padre es omnipresente, es un Dios que nunca se equivoca, tenemos al jefe que cuando él se equivoca echa la culpa a los empleados… ¿y que tipo de relacion surge con los demás cuando somos incapaces de reconocer nuestros errores? Empieza a crecer una especie de rencor e ira en la otra persona ya que alguien que no reconoce sus errores, sobretodo con nosotros, está dando una imagen de que es mejor que nosotros, que nunca se equivoca y nosotros si, constantemente.
No es algo fuera de lo común que alguien sea incapaz de reconocer sus errores, miles empresas quebradas al año son prueba de ello. Las personas que aconsejan cuando ellas son las menos indicadas también son una gran prueba de ello.
photo credit: .ygor Me encontraba el otro día jugando al billar, listo para tirar una bola complicada, si la entraba ganaba, sino era probable que perdiera y el tiro no estaba nada fácil. Hubiera podido ir a por lo sencillo y sencillamente haber alejado la bola para que el contrario no pusiera la negra, pero yo no quería conformarme con eso, porque la victoria o la derrota no es importante sino el aprender, el acumular experiencia, el por lo menos: “intentarlo”.
Segundos antes de tirar uno de los jugadores (de broma dijo): “que no la meta”, “que no la meta”, lo ves, esto es la ley de la atracción, yo deseo algo y lo atraigo, en ese mismo segundo tiré, y la bola negra hizo un rebote por todo el tablero hasta que, casi milagrosamente, entró por el agujero que le tocaba. Acababa de ganar la partida con la ley de la intención, muy superior a la ley de la atracción (a mi humilde modo de ver).
Últimamente me estoy dando cuenta, bueno para que nos vamos a engañar, siempre he visto que la gente hecha todos sus problemas en lo ajeno y descarga todas sus frustraciones echando la culpa a la sociedad, hay auténticas sectas, metodologías e incluso religiones que viven de ello, basando su filosofía de vida en: “Esta sociedad es una mierda“. Una cosa es criticar determinados comportamientos de la sociedad para provocar cambios o cagarse en todo de vez en cuando y la otra es odiar al mundo u odiar algo y ni siquiera saber porque, comenzando incluso a buscar justificaciones absurdas de porque ese odio.
Si leíste mi artículo: En España, matar, robar y delinquir es gratis y prestaste atención te darás cuenta que es una crítica a la policía directamente, porque todo lo que yo he visto, leído y me han contado es de una policía que deja muchísimo que desear y que inspira más desconfianza que otra cosa, otros usuarios tomaron el artículo como si estuviera molesto porque me habían robado cuando no es eso directamente, es más, aún logro entender a los ladrones y más cuando España es un paraíso delictivo. Dejando de lado el porque del post, lo malo sería si cada día comienzo a escribir contra la policía, obsesionado con ella y digo que son todos Satán que no sirven ni hacen nada nunca bien y la tacho de inservible completamente. Una cosa es criticar para que si alguien lo lee sienta que hay que mejorar la policía, el sistema judicial y la imagen que da y la otra criticar por criticar.
Cuando a Einstein le preguntaron: ¿Crees que habrá una tercera guerra mundial? , dijo: “no lo sé, lo que si se es que si hay una cuarta será con palos y piedras”. Realmente es injusto como a lo largo de la historia hemos tenido que pagar millones de personas por culpa de unos cuantos irresponsables. ¿Imagináis la historia sin Hitler? ¿Probablemente no habríamos visto una segunda guerra mundial? Seguramente en España hubieran ganado los democráticos en vez de la dictadura… La historia habría cambiado para siempre si la raza humana fuera más noble y humilde.
Cuantas muertes, guerras… ha sufrido la raza humana por culpa de esa avaricia, ese afán de querer más y más poder, estamos tan vacíos por dentro que hace miles de años que los llamados: “ricos” esclavizan a los pobres por un jornal pésimo, tan pésimo que tenían que trabajar días enteros para poder comer algo mientras los ricos con sus mayordomos, esclavos… tenían sus habitaciones de lujo, cocinero particular y cuando miraban por la ventana y veían a los demás muertos de hambre, les daba absolutamente igual.