No siempre es bueno llorar

No siempre es bueno llorarHemos visto ya en varios artículos que las emociones pueden intoxicarnos. Si no sabemos cómo manejarlas correctamente es fácil que no se vayan y se queden con nosotros permanentemente. Lo más habitual es que sea una emoción la que permanece de forma tóxica o por lo menos por la que más nos dejamos llevar. Hoy vamos a ver que no siempre es bueno llorar.

El llano, la tristeza, es una de esas emociones que nos embargan de forma tóxica. Pero lloramos por mucho más que tristeza. Las personas que lloran por todo no solo lloran de pena. 

La frustración, el miedo, la vergüenza son otros motivos para llorar. En el caso de que seas una persona que ante cualquier pequeño contratiempo siente ganas de llorar, te recomendaría nuestro libro Cómo convertirse en un maestro de las emociones, con el que aprenderás a conocer  y dominar cada una de las sensaciones con las que te encuentras a lo largo del día.

Saber gestionar las emociones es un método eficaz para dejar de llorar. Para ser más feliz, para poder entender a los demás, para ayudar a otros y ayudarte a ti mismo o parar ser capaz de provocar emociones en los demás. Ya sea a nivel de seducción o de liderazgo o para lo que sea que necesites ser un maestro de las emociones. Esta es una cosa que nunca estará de más en tu vida y que te llevará a entenderte mejor con el resto de la gente.

Lo básico es, ante todo, saber reconocer las propias emociones. Solo entendiendo lo que nos pasa en cada momento seremos capaces de aplicar el mejor antídoto o escape a cada emoción.

Siempre os lo digo, las emociones hay que sentirlas, vivirlas, dejar que hagan su camino y que se marchen. Solo así podemos dejar espacio para otras nuevas.

Está claro que cada emoción, dependiendo de lo que la cause, necesitará un tiempo determinado, no es cuestión de reír o llorar un tiempo limitado y siempre el mismo.

En este caso de trata de saber cuando llorar y cuando no. Qué emociones son las que te llevan a llorar y cómo evitar que eso pase de forma habitual.

Hay que saber dar importancia a las cosas  y saber relativizar. Ver lo bueno de forma positiva y lo negativo saber ponerlo en el lugar que le corresponde.

no es bueno llorar

Hay cosas negativas muy graves a nivel tan absoluto como relativo, pero hay otras cosas que a nivel relativo parecen muy importantes o muy graves pero que cuando lo miras de una forma absoluta te das cuenta de lo poco importantes que son.

Las emociones no son una estadística y por tanto no podemos hablar de ellas de forma numérica y entiendo que cueste relativizar pero lo que hoy te parece muy grave mañana te puede parecer una tontería si te ocurre algo realmente grave.

Incluso sin que te ocurra. Lo que hoy puede parecerte terrible mañana puede ser algo sin importancia. O dentro de un rato.

Puede que tu manera de ser capaz de ver las cosas con distancia pase por llorar pero insisto en que hay que saber darle a cada cosa el valor que tiene.

También es frecuente que cuando no sabes qué hacer llores. Eso es algo, como muchas otras cosas, que aprendemos de pequeños. Un niño llora como método de expresión, de comunicación.

Todos los niños saben llorar cuando son bebés. Es de lo poco que saben hacer de forma voluntaria. O de las primeras cosas que aprenden a hacer a voluntad.

Los primeros días sonríen y los padres babean, los médicos te dicen que son actos reflejos. Músculos que se mueven de forma involuntaria produciendo una sonrisa. Si bien los padres observan que esas sonrisas siempre acompañan buenos momentos. Es decir, el niño sonríe de forma involuntaria cuando tiene que sonreír. Así, cuando estamos a gusto nuestra naturaleza nos obliga a sonreír. Mientras que cuando no estamos a gusto, lloramos.

Ese es el mecanismo básico de un bebé. Cuando aprende que con su llanto suele haber una respuesta lo que aprende es a comunicarse. Necesita algo, llora.

Llorando se consiguen las cosas, pero no solo eso, también lloran cuando no saben lo que les pasa o están desconcertados. A medida que crecen aprenden cada vez más cosas y lloran solo cuando tienen motivos que todos entendemos.

Pero de adultos puede que nos pase algo parecido a  los que les ocurre a los bebés. Cuando encontramos algo a lo que no sabemos enfrentarnos, lloramos.

Si vemos a alguien discutiendo, lloramos. Si nos gritan, lloramos. Si alguien se burla de nosotros, lloramos.

Y así un largo etcétera.

La conclusión es que este tipo de personas que lloran podríamos decir por todo, lo que tienen es un problema con sus emociones. No es que no sepan qué responder al que se ríe de ellos o les grita, podrían no saber qué responder sin necesidad de llorar. Es que no saben qué hacer con la emoción que les produce lo que les está ocurriendo.

Ante el desconocimiento y la impotencia, lloramos.

Es bueno conocerse a uno mismo y saber analizar los motivos que nos llevan a hacer las cosas. Siempre están dentro de nosotros. Conociendo las emociones es mas fácil ubicarlas, ponerles nombre y sobretodo saber cómo gestionarlas.

Emociones tenemos todos, inteligencia emocional muy pocos.

Lo ideal es que aprendas a conectar con tus emociones, a saber en qué parte de cuerpo las sientes, trata de limitar el llanto a unas determinadas emociones, por ejemplo la tristeza o la rabia, y aprende a elegir el momento en el que lloras.

Llorar no siempre es bueno, ni necesario. Si has llegado a este artículo ya lo sabes. Hay que aprender a enfrentarse a las cosas sin llorar. Conocer nuestros límites y saber cómo respondemos o cuáles son las señales que nos indican lo que va a pasar a continuación es bueno. Casi imprescindible. Si sabes reconocer los síntomas, puedes evitar que acabe produciéndose lo que no quieres.

Aprende a conocerte a fondo, domina las emociones y analiza bien los motivos que te llevan a actuar de un modo que no te gusta. Si crees que llorar no siempre es bueno compra ahora nuestro libro Cómo convertirse en un maestro de las emociones y aprenderás a gestionarlas todas de forma específica.

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