Mantener la intimidad con la pareja (II)

© Thai Jasmine (Smile..smile…Smile..)

La semana pasada veíamos en un artículo titulado igual que este cómo es de importante mantener la intimidad con la pareja. Insistía que no me refiero sólo a nivel sexual, tu pareja tiene que ser tu único compañero sexual si así habéis acordado que sea vuestra pareja. Es decir, las parejas que tienen como norma la fidelidad. Las que tengan otro tipo de compromiso con su pareja o acuerdo de tener una pareja abierta o de practicar el intercambio sexual no podrán aplicar esta máxima de la intimidad sexual, aunque es cierto que pueden tener una intimidad sexual distinta y exclusiva para sus relaciones amorosas, distinta a la que puedan practicar con otra persona o cuando están en un intercambio. El hecho es que cuando ellos tengan sexo entre ellos habrá sentimientos de por medio, algo que tienen muy claro este tipo de parejas es que los sentimientos, el amor y el sexo no son indisolubles. Se puede tener sexo con otras personas sin dejar de querer a tu pareja.

Aunque a los que mantienen la fidelidad como norma en la pareja esto les parezca muy raro hay muchas parejas hoy en día que lo practican y les va muy bien. Piensa que la primera causa de ruptura entre las parejas es por la infidelidad, así que si el sexo no fuera algo exclusivo de la pareja sino que se entendiera como algo que podemos hacer para divertirnos, no habría tantas rupturas. No, fuera bromas, a mi me parece genial que unas parejas quieran mantenerse fieles en exclusiva mientras que otras entiendan que la fidelidad es otra cosa.

Lo bueno es que cada pareja haga lo que surge de ellos, lo que necesitan y que sea pactado y aceptado de forma natural, sin presiones y sin sentir que renunciamos a nada. Cuando uno es fiel lo es porque quiere serlo, lo es porque decide que ese es su modo de vivir y que sí, el sexo es divertido pero no necesita buscarlo fuera de casa. Por otra parte cuando alguien acepta tener una pareja abierta lo hace pensando en que es generoso con su pareja y con él o ella mismo. No lo hagamos por presiones, ni al contrario aceptemos ser fieles cuando no queremos serlo y para nosotros el sexo tiene otro valor. Si piensas tan distinto a tu pareja vas a ser infeliz siguiendo unas reglas con las que no estás conforme. Exactamente igual que si cedes a que él, o ella, sean abiertos con tal de no romper la relación. Esto no funciona así. Somos fieles porque queremos.

Dicho esto, continuamos con el artículo que dejamos a medias la semana pasada en el que contaba las razones de mantener la intimidad en lo que contamos a otras personas y en cómo tomamos nuestras decisiones. No es bueno que haya una tercera persona entre la pareja diciendo haz esto o haz lo otro o aconsejando y escuchando cómo él te ha gritado pero sin ver ni escuchar cómo tú le has gritado a él. Cuando abrimos ese grado de intimidad a otras personas corremos riesgos de que la intimidad con nuestra pareja se rompa.

Si no para qué tienes pareja? Tu pareja es como un universo propio, donde tú y la otra persona vivís de acuerdo a lo que habéis establecido y con una compenetración que no tienes con nadie más. Si abres esa intimidad a otras personas dejarás de ver a tu pareja como esa persona única y especial que es quien te conoce mejor. No conviertas a tu pareja en tu compañero de piso, haz que la intimidad marque la diferencia.

Razones para no tener intimidad con personas de otro sexo

Es obvia y evidente, para no caer en la tentación. Pero aunque sepamos que somos de piedra, que nosotros jamás caeríamos en la tentación abrir la intimidad a otra persona nos hace ser vulnerables y mostrar una parte de nosotros que nadie debería ver. Es como una pequeña grieta, una fisura por la que se escapa algo pero por la que también puede entrar algo.

© Skley

Cuando una persona siente necesidad de hablar, de contarle un problema o una alegría en la primera persona en quien piensa en su madre, su pareja, su mejor amigo… Cuando nuestra pareja no es entusiasta ni efusiva pues poco a poco se nos pasan las ganas de contárselo en primer lugar y entonces te encuentras a un compañero de trabajo en la máquina del café y le cuentas que te han seleccionado para hacer un curso que te apetecía mucho, o lo que sea que es la buena noticia del día, vas a ser tía.

Y poco a poco a base de pequeñas conversaciones sin importancia esa persona se convierte en alguien especial, alguien en quien piensas cuando tienes algo que contar, algo que celebrar. Además esa es una necesidad que cuando queda cubierta no solemos volver a cubrir. Me explico. Si necesitas contar algo que te ha pasado para desahogarte lo más fácil es que cuando lo cuentes por primera vez ya te quedes desahogado y no necesites contarlo otra vez. Si lo haces es por aquello de «no te vas a creer lo que me ha pasado» para auto alimentar la rabia o para reírte o para hablar mal de la otra persona e iniciar una venganza. Pero lo que es desahogarte lo consigues la primera vez, sobre todo si te dan buenos consejos y saben escucharte y calmarte. Si esto lo hace alguien distinto a tu pareja es una necesidad que ya no va a cubrir la persona con la que tendrías que tener más intimidad. Así que es una grieta que se amplía y que deja colarse otras cosas y personas dentro de la relación.

No digo que vaya a pasarte, pero a menudo no nos damos cuenta hasta que es demasiado tarde y entonces vemos que nos hemos enamorado. De un compañero de trabajo, de un amigo, de un vecino con quien charlas cada tarde cuando coincidís en el parking, cada día un minuto más que el anterior.

La intimidad con la pareja es algo que no debemos dejar escapar. Hay muchas personas muy abiertas que lo cuentan todo al primero que pasa pero esto solo les deja al descubierto, ya que se vuelven vulnerables, cuanto más saben de ti los demás más fácil les resultará hacerte daño. Además lo que demuestra es que no tienen a nadie en quien confíen de verdad y que necesitan suplir eso con varias personas.

Si tienes pareja, lo mejor que puedes hacer es reservar tu intimidad para ella por todo lo que te he contado es una decisión que no puede jugarte una mala pasada, la prudencia nunca está de más.

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