Verdadera Seduccion | 23 de octubre de 2013 | Emociones |

Cómo detectar si eres envidioso

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Es fácil detectar los problemas en los demás, pero a menudo no somos capaces de ver qué problemas tenemos nosotros mismos. Sobretodo si hacen referencia a nuestra personalidad o nuestras inseguridades. Hoy vamos a hablar de cómo detectar si eres un envidioso.

Para empezar te pediría que no te culpes. Si en alguna ocasión has actuado mal movido por alguna emoción tóxica, no te castigues. Ahora ya no sirve de nada, y menos cuando te has dado cuenta de tu error. El mayor problema con el que se enfrenta una persona con emociones tóxicas es a sí mismo, una vez detectado y aceptado el problema es cuando puedes empezar a superarlo. Por tanto culparse solo hará que entres en otra vorágine de sentimientos tóxicos que no te llevarán a nada positivo.

Si te crea dudas esto de las emociones tóxicas, o quieres saber más acerca de cualquiera de ellas, cómo detectarlas, cómo controlarlas, cómo conseguir que los demás las sientan, te recomiendo nuestro libro Cómo convertirse en un maestro de las emociones.

Cuando nos movemos por la envidia estamos nadando en una dirección equivocada. Piensa que tu energía sería como la gasolina de un coche, no es infinita, aunque se puede recargar, siempre llega un momento en que si no la recargas se agota. Si vas en coche a un lugar determinado y por el camino te encuentras con alguien que te molesta y decides seguirle desviándote de tu camino, es posible que llegues tarde al sitio donde ibas o que en tu persecución no puedas parar a poner gasolina, por lo que te quedarás tirado sin haber conseguido ni una cosa ni otra. O bien habiendo conseguido molestar al otro conductor, pero eso no formaba parte de tu plan inicial.

La envidia nos hace actuar de este modo. Nos fijamos en alguien que nos molesta y vamos a por él. Y nos molesta solo por su competencia, por su suerte, por su manera de ser… por ser lo que nosotros no somos, tener lo que no tenemos. Y nos dedicamos a gastar nuestra energía hablando mal del otro, poniéndole trabas o pensando cómo puede ser que el otro tenga lo que yo no puedo tener.

Esto es una pérdida total de tiempo y energía. Como el conductor que dejaba su camino para perseguir a otro, tú estás haciendo lo mismo. ¿Cuál era tu objetivo? Lo perdiste cuando empezaste a fijarte en los demás en lugar de tener la mirada fija en ti mismo y en tu objetivo.

Para detectar si eres envidioso te recomiendo responder a una serie de preguntas. Hazlo con toda la sinceridad que puedas. Nadie te escucha. Solo tú mismo. Engañarse a uno mismo es de las cosas más absurdas que hay. No porque no sirva de nada, sí sirve. Realmente te engañas. Pero entonces lo que logras es desviarte para siempre del camino. Solo cuando eres sincero contigo mismo puedes volver al camino y enfocar tu energía en hacer cosas positivas. Así pues, vamos a analizar qué sientes en determinadas situaciones.

¿Cuando tienes un objetivo, qué sientes al ver que los demás lo consiguen antes que tú?

Si deseas que la otra persona pierda lo que ha conseguido, no cabe duda. Eres un envidioso. No te escondas detrás de un “no se lo merece”. Eso a ti no te importa. Si alguien se puede comprar un coche al que tu no llegas, no puedes desear que se lo roben o que lo estampe contra un árbol. Eso es envidia.

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No serías envidioso si admiraras lo que ha conseguido, te alegraras por la otra persona (si para ti es tan importante es de suponer que para el otro también y ahora debe ser muy feliz) o si quisieras probar su técnica para conseguir las cosas. Aprender de los éxitos de los demás nos puede llevar a conseguir nuestros propios éxitos.

Vamos a exponer unas cuantas situaciones bastante comunes. Al final de cada una de ellas te haré una pregunta. Si respondes que sí, lo que te está moviendo es la envidia. Debes conseguir cambiar esa emoción por otra más positiva. Cambia la envidia por la admiración, deja de mirar a los demás y empieza a mirarte a ti mismo. Será el modo de avanzar y no quedarse estancado lleno de rabia.

Tu amiga ha conseguido algo que hace tiempo que andaba buscando. Aunque puede que no tenga nada que ver con tus propios objetivos. ¿Te da rabia que a tu amiga, tu hermana, tu vecina, le vayan las cosas mejor que a ti?. ¿Te cuesta felicitar a la otra persona por sus logros?

Tus padres prestan más atención a tus hermanos, tus amigos pasan una época en la que se acuerdan poco de ti, en tu trabajo hay alguien que últimamente destaca mucho y tu jefe pasa menos tiempo contigo. ¿Te sientes mal cuando eso ocurre? ¿Culpas a las otras personas de que sea así?

Siguiendo el ejemplo anterior, ¿crees que tus padres, tus amigos, tus jefes no te prestan atención porque no te valoran suficiente?

Cuando a los demás les van bien las cosas pero a ti no acaban de funcionarte, ¿Crees que el problema está en los demás y no en ti mismo? ¿Crees que tú eres bueno pero son los demás los que no se dan cuenta?

En general, aunque esto es algo que cuesta mucho de reconocer, incluso a uno mismo, cuando a los demás les van las cosas mal ¿te alegras?. ¿Sientes que por fin se ha hecho justicia?

Si eres de las personas que están esperando ver cómo los demás tienen un golpe de mala suerte y pierden lo que han conseguido o pasan una mala racha, sin duda estás movido por la envidia.

Como decíamos al principio de este modo no vas a conseguir nada. No solo tenemos una energía limitada sino que el tiempo que tenemos también lo es. Y este no se recarga. Cada hora que pasa es una hora perdida. Cada día que dedicamos a envidiar a otros es un día que no hemos sido constructivos con nosotros mismos.

La única forma de conseguir tus objetivos es trabajar para conseguirlos. Esto, que parece muy obvio, es algo que también saben ver las personas que son movidas por emociones tóxicas. A pesar de ello creen que es un problema que afecta a los demás, no a ellos mismos.

Te recomiendo leer nuestro libro Cómo convertirse en un maestro de las emociones para conocer las emociones a fondo y poder detectar aquellas que suponen para ti un peso demasiado grande. Las emociones vienen y van. Y tenemos que dejar que vengan pero sobretodo que se vayan. Aprende a conocerlas y a gestionarlas con nuestro libro y tu visión de la vida será distinta.

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