Cómo aprender a gestionar las emociones

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El control de las emociones es algo que todos podemos hacer y que deberíamos ser capaces de efectuar de la manera adecuada. Nuestras emociones marcan todos los minutos de cada uno de nuestros días. Por tanto un buen control emocional no sólo nos hará pasar mejor el día y ser más felices sino que nos permitirá ser mejores en nuestra relación con otras personas. Si aprendemos a gestionar nuestras emociones correctamente podemos asegurar que no actuaremos de forma desmesurada en ninguna ocasión.

¿Para qué queremos gestionar las emociones? Como decía, cuando no controlamos nuestras emociones y nos dejamos llevar por ellas reaccionamos en muchas ocasiones de forma desmesurada. Cuando le das una mala noticia (din demasiada trascendencia) a alguien pesimista y se tira toda la tarde llorando o cuando alguien se enfada por una tontería y deja de hablar a su mejor amigo.

Aprender a gestionar nuestras emociones nos sirve para ser más fríos a la hora de analizar la situación, como has visto no todas las situaciones requieren de la misma respuesta, y cuando una persona se enfada por una tontería y monta un pollo de aquellos que se recuerdan durante semanas, ¿qué va a hacer cuanto tenga motivos de verdad para estar muy enfadado?  Para poder enfadarnos mucho cuando realmente haga falta es necesario aprender a enfadarnos poco o a no enfadarnos nada cuando no es necesario. El problema es que cuando detectamos una emoción no sabemos graduarla, y decidir en qué nivel de intensidad tenemos que sentirla. Es bueno aprender sobre las emociones, a llamarlas por su nombre, a conocer los distintos grados en los que puede sentirlas… Para ello te recomiendo nuestro libro Cómo convertirse en un maestro de las emociones. Con el que aprenderás todo lo que necesitas sobre las emociones y como consecuencia de ello te será mucho más fácil aprender a gestionarlas.

El problema no es no conocer las emociones, aunque mucha gente se queda con dos o tres y desconoce cómo llamar al resto de cosas que siente. Ese es el primer problema con el que nos encontramos, si no sabemos qué nos pasa ¿cómo vamos a gestionarlo? El primer paso, pues, para aprender a gestionar las emociones es imprescindible y consiste en conocerlas todas. Para ello te he recomendado el libro.

El segundo paso es aceptar que sentimos emociones que no siempre nos gustan. Negarlo no sirve absolutamente de nada. Del mismo modo que no sirve de nada querer sentir algo que en realidad no estamos sintiendo.

Es decir: una vez reconocemos qué emoción estamos sintiendo es bueno aceptar lo que sentimos. Si queremos estar contentos pero estamos melancólicos no podemos decir que estamos contentos. Del mismo modo que no podemos negar que sentimos pena cuando la sentimos o que estamos enfadados cuando lo estamos. Negar las emociones implica no gestionarlas. Si están ahí es por algo y es imprescindible hacerles caso.

Otro problema con el que nos encontramos cuando hablamos de este tema con alguien es que muchos creen que las emociones no se pueden gestionar, que no puedes hacer nada con ellas, que simplemente las sientes y ya está y que tal como llegan se van. Pues no, ese es un error grave y muy recurrente. Las emociones se pueden gestionar, podemos alargarla o acortarla de forma forzosa, independientemente del recorrido que habría hecho esa emoción si la hubiéramos respetado.

Las emociones están para indicarnos cosas, para hablar de cómo nos sentimos en función de estímulos o acontecimientos interiores o exteriores. Cuando sentimos pena y no hacemos más que darle vueltas al tema, regodeándonos en nuestro sentimiento estamos alimentándolo de forma irreal. Tenemos que aprender a aceptar lo que sentimos y a dejar que haga su camino. Es básico no querer quedarse demasiado tiempo con una emoción.

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Además de acepta las emociones y de saber ponerles el nombre más justo en cada ocasión es bueno que entendamos que la forma de reaccionar a cada emoción la decidimos nosotros.

Cuando nos ocurre algo que nos hace enfadar podemos estar hablando de algo que nos molesta, de algo que nos preocupa, de algo que nos irrita, de algo que nos perturba, de algo que nos pone muy pero que muy irascibles… es por ello que cada una de estas situaciones necesitará una forma de comportarse diferente. Dentro de cada una de ellas podríamos añadir, un poco, mucho, algo, casi nada… Nos molesta un poco, nos molesta algo, nos molesta mucho… Cada una de estas sensaciones merece una reacción diferente. Piensa si respondes de forma distinta en función de cómo te moleste algo o de cómo te preocupe algún tema. Si siempre reaccionas igual es que no tienes medidas tus reacciones ni sabes gestionar tus emociones.

Tengo una amiga que se enfadó con otra por una tontería que ninguna de ellas hubiera recordado al día siguiente si su reacción hubiera sido otra. La amiga, que tenía derecho a estar, como mucho molesta, o preocupada, se lo tomó como si fuera una ofensa personal del grado de: lo que acabas de decirme es tan grave que mereces que se abra la tierra y te trague ahora mismo. En serio, no lo era. Pero como la persona que recibió la queja no sabía gestionar sus emociones, entendió que su amiga estaba enfadada con ella, mientras que sólo le hacía un pequeño reproche. Entendió, ya que si eso le pasaba a ella, que cuando alguien se enfada explota y ataca, por lo que decidió ponerse a la defensiva y explotar atacando antes de que lo hiciera la otra.

En consecuencia, le dijo a su amiga, que sólo le reclamaba que la escuchara cuando le contaba las cosas, cosas tan fuertes y tan subidas de tono que en ese mismo momento terminó su amistad. Tal vez si la persona que gritó, insultó, ofendió y amenazó, hubiera reflexionado y se hubiera disculpado al día siguiente podrían haberlo arreglado, pero sigue pensando que su reacción fue justificada: es lo que siempre hace cuando se enfada o detecta enfado en alguien.

Si hubiera sabido gestionar sus emociones esta persona no habría perdido una amiga y habría sido capaz de darse cuenta que la equivocada y la desproporcionada era ella. En cambio, sigue enfadada con su amiga creyendo que la víctima fue ella. La gestión de las emociones evita cosas como esta que seguro que os resulta muy familiar. Para aprender a gestionar las emociones os recomiendo nuestro libro Cómo convertirse en un maestro de las emociones.

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